Si tenemos perros o niños, debemos tener presente el peligro que supone encontrarse con la oruga procesionaria en pinares y parques, una especie que puede suponer un peligro grave para ellos. Estas orugas, que se caracterizan por colocarse en fila, a modo de “procesión”, poseen pelos urticantes que pueden causar reacciones severas al contacto, e incluso la muerte si se ingieren. En el mes de octubre, las larvas de procesionaria nacen y comienzan a desarrollar estos pelos tóxicos.
Un riesgo para mascotas y niños
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Los perros son especialmente vulnerables a los efectos de la oruga procesionaria. Al olfatearlas o intentar jugar con ellas, pueden entrar en contacto con sus pelos urticantes, lo cual provoca una reacción necrotizante en la piel y mucosas. Este contacto puede derivar en necrosis y destrucción de tejidos, por lo que su contacto es considerado una emergencia veterinaria que requiere tratamiento inmediato. En el caso de los niños, el riesgo también es alto, especialmente en zonas como parques o jardines donde estos insectos son comunes.
Medidas de prevención
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En cuando a medidas de prevención, evitar el contacto con la oruga procesionaria es clave. Al encontrarlas, se recomienda no acercarse a ellas ni permitir que los animales o los niños lo hagan. Autoridades como la Policía Nacional, Guardia Civil advierten regularmente sobre este peligro y aconsejan llamar al teléfono de emergencias 112 en caso de observar una procesión de este tipo de orugas en el espacio público.
¿Qué hacer en caso de contacto?
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Si un perro entra en contacto con la procesionaria, es fundamental seguir estos pasos:
- No frotar la zona afectada
- Lavar con agua
- Acudir inmediatamente al veterinario
En el caso de las personas, especialmente con niños, si entran en contacto con esta oruga se debe buscar atención médica, sobre todo si aparecen síntomas como urticaria intensa o problemas respiratorios.
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Ciclo de la procesionaria
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Conocer el ciclo de vida de la oruga procesionaria es un factor importante para prevenir el contacto en ciertas épocas. Las larvas nacen entre septiembre y octubre y, hacia el final del invierno, descienden del pino en filas para enterrarse y crisalidar. Durante estos descensos, que ocurren generalmente entre marzo y junio, la oruga se vuelve aún más activa y aumenta el riesgo en zonas de esparcimiento. Por ello, normalmente en primavera cuando hay que tener más cuidado y estar pendientes por si nos encontramos con estos insectos. No obstante, este año 2024 la plaga de procesionaria llegó en pleno invierno por el cambio climático.