Los meses de agosto, septiembre y octubre suelen ser meses de huracanes en el Atlántico, pero este año, hasta el 1 de octubre, no se ha formado ninguno. Aunque todavía hay tiempo para que aparezca alguno esta temporada, que termina el 30 de noviembre, no deja de ser una situación inusual: no se llegaba a octubre sin ningún huracán desde 1914, hace 112 años, según los registros del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC). Ese año y 1907 son los únicos de la serie histórica que terminaron sin ningún huracán, mientras que en 1905 el primero de esa temporada no llegó hasta el 8 de octubre.
[–>[–>[–>Algunos perfiles de redes han aprovechado esta situación para difundir mensajes negacionistas del cambio climático, argumentando que han fallado las predicciones y que la ausencia de huracanes es una “buena noticia” que está siendo “silenciada”. Sin embargo, omiten el papel de El Niño actual, un fenómeno natural recurrente que frena la circulación de aire e dificulta se formen estos ciclones en el Atlántico, y que este año está siendo excepcionalmente fuerte. Este, a su vez, está sumando calor a una atmósfera ya caliente por las emisiones de gases de efecto invernadero, e influyendo en otros efectos en fenómenos meteorológicos alrededor del planeta.
[–> [–>[–>Los huracanes y El Niño en el Atlántico
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El Niño es una oscilación irregular de las corrientes tropicales del Pacífico, que tiene lugar de forma natural cada tres a siete años, cuando una gran masa de agua más cálida del Pacífico occidental se mueve hacia el este y calienta las aguas de la costa sudamericana.
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“Cuando tenemos un año en el que se produce el fenómeno de El Niño, se produce una estabilización del aire en el Atlántico brutal que impide el desarrollo de tormentas”, señala a Verificat Antonio Jesús Robles Fernández, investigador predoctoral del grupo Variabilidad climática tropical y teleconexiones atmosféricas (TROPA) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
[–>[–>[–>Hay cierta incertidumbre, remarca el investigador, y no siempre se cumple una correlación directa entre un fenómeno de El Niño y cero huracanes atlánticos. Así lo recogen los datos históricos del centro estadounidense: mientras que El Niño estaba presente en 1905 (con solo un huracán formado el 8 de octubre) y 1914 (sin huracanes), en 1907 no hubo ninguno y la situación fue neutra durante la temporada (ni El Niño ni La Niña, el fenómeno contrario).
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Pero, “en general, con El Niño hay menos huracanes, y con La Niña hay más huracanes, porque se favorecen condiciones para su desarrollo”, destaca Robles Fernández citando un estudio de la Universidad Estatal del Colorado. En él, se analizan los ciclones tropicales entre 1900 y 2009, y se concluye que la probabilidad de que se produzcan cuatro o más grandes huracanes en un año de La Niña es del 39 %, en comparación con solo el 7 % en un año de El Niño.
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Tormentas en el Pacífico: los otros efectos de El Niño
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Mientras que el Niño puede ser una buena noticia por lo que refiere al riesgo de huracanes en la costa este de Norteamérica, también lleva asociadas otras consecuencias climáticas extremas alrededor del mundo. “Aunque El Niño tiende a limitar la actividad tropical en el Atlántico, puede favorecer el desarrollo de tormentas en el Pacífico”, advertía la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos en sus predicciones, como se ha visto con huracanes intensos como el Nolo y Polo este septiembre.
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El fenómeno de El Niño tiene, además, un impacto sobre la atmósfera. Aumenta las temperaturas globales y tiene consecuencias en todo el mundo, como “un gran aumento de las precipitaciones en Sudamérica, sequías en Australia e incendios en el sudeste asiático”, según la Agencia Espacial Europea (ESA) en su sitio web.
[–>[–>[–>Los verdaderos impactos del cambio climático
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Esta variabilidad climática natural, sin embargo, no niega los impactos de un cambio climático provocado por las actividades humanas. El investigador de la UCM recuerda que, aunque este año haya un fenómeno de El Niño excepcional, “el cambio climático sigue ahí”.
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El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático (IPCC) señalaba que “la proporción de ciclones tropicales intensos, las velocidades máximas promedio del viento de los ciclones tropicales y las velocidades máximas del viento de los ciclones tropicales más intensos aumentarán a escala global con el aumento del calentamiento global”. En 2025, un estudio de Climate Central, concluyó que el cambio climático de origen humano aumentó la intensidad de los huracanes atlánticos de 2024 entre un 3 % y un 12 %
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