Un problema aparentemente olvidado, la contaminación por mercurio, un elemento prohibido en el medio natural desde hace años, amenaza con intensificarse debido al cambio climático. Y es que el mercurio lanzado a los océanos y también en tierra firme durante siglos no desaparece, sino que permanece depositado en el suelo y los océanos.
[–>[–>[–>Ahora, el calentamiento global puede volver a ponerlo en circulación. Una reciente investigación afirma que este fenómeno climático podría reactivar el riesgo que este metal altamente tóxico entraña para la salud y los ecosistemas, y ello, incluso si las emisiones humanas siguen bajando.
[–> [–>[–>Aryeh Feinberg y Alfonso Saiz-Lopez lo han detallado en un artículo publicado este mismo mes de octubre en la revista Science. Los autores sostienen que el cambio climático puede movilizar el mercurio acumulado durante siglos y favorecer su transformación en metilmercurio, una forma muy tóxica.
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El calentamiento global puede movilizar el mercurio acumulado durante siglos y favorecer su transformación en metilmercurio, una forma muy tóxica
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La humanidad está lanzando mercurio al medio natural desde hace milenios. Las primeras liberaciones fueron involuntarias, durante el refinado de metales en la Antigüedad. Pero a mediados del siglo XVIII, con la Revolución Industrial, esta contaminación se disparó por el uso comercial de dicho metal y por la quema de combustibles fósiles, que también contienen trazas de este elemento.
[–>[–>[–>Un grave problema
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La concentración de metilmercurio se multiplica a medida que asciende por la cadena alimentaria y perjudica a los grandes depredadores, entre ellos los humanos, al dañar sus funciones reproductivas, neurológicas y cardiovasculares. El metilmercurio aparece cuando el mercurio inorgánico incorpora un grupo químico llamado metilo, un proceso conocido como metilación. También se genera como subproducto en plantas químicas que han usado sales de mercurio como catalizadores.
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La contamination par le mercure affecte toute la chaîne du monde jusqu'à atteindre l'être humain / Agencias
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En las décadas de 1950 y 1960, los vertidos de metilmercurio de plantas químicas en las aguas de las costas de Japón causaron brotes de la enfermedad de Minamata, un trastorno neurológico irreversible provocado por una intoxicación grave. Aquellos casos aumentaron la conciencia mundial sobre los riesgos de la contaminación por mercurio.
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[–>En 2013 se acordó el Convenio de Minamata de las Naciones Unidas, un tratado mundial que prevé aplicar la mejor tecnología disponible para limitar las emisiones de centrales eléctricas e instalaciones industriales, eliminar la minería primaria de mercurio y retirarlo de procesos químicos y productos de consumo.
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Las políticas inspiradas en el convenio han dado resultados. El mercurio medido en la atmósfera ha descendido en Europa y Norteamérica desde los años noventa y en Asia oriental desde la década de 2010. Por eso se espera que también baje en los organismos acuáticos, aunque la recuperación de los peces depende de las características de cada cuenca: su tamaño, su hidrología y la química de sus suelos y sedimentos.
[–>[–>[–>El mercurio heredado sigue ahí
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Pero incluso con menos emisiones, los niveles de mercurio en el ambiente seguirán altos durante muchos años por culpa del mercurio heredado –el acumulado durante siglos en suelos y aguas–. Ese mercurio sigue circulando entre el océano, la tierra y la atmósfera y puede quedar atrapado en la biosfera durante siglos.
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Envases qui contiennent du mercure dans votre intérieur / Agencias
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Alrededor del 60 % de las emisiones actuales de este elemento procede del mercurio heredado que se vuelve a evaporar desde los océanos y la superficie terrestre, según el análisis. Un 30 % tiene origen en actividades humanas directas y el 10 % restante, en fuentes geológicas naturales. Si las emisiones humanas bajan, el peso de este legado en el ciclo del mercurio crecerá, pero los autores recuerdan que el impacto del clima sobre estas reservas sigue siendo en gran parte desconocido.
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Los incendios pueden volatilizarlo
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En tierra, la vegetación absorbe mercurio de la atmósfera y lo traspasa a los suelos, donde queda almacenado durante décadas o siglos. El calentamiento altera ese depósito. Los incendios forestales pueden volatilizar el mercurio de suelos y vegetación, y el aumento de las temperaturas podría liberar el que permanece encerrado en el permafrost, el suelo helado.
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Hay efectos que se compensan. Un clima más cálido alarga las estaciones de crecimiento y, con el llamado efecto de fertilización por carbono, puede impulsar el crecimiento de los bosques y su captación de mercurio. Pero más CO₂ y sequías más frecuentes hacen que las hojas mantengan cerrados sus poros, lo que dificulta que las plantas absorban el mercurio gaseoso.
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El clima también cambia el viaje del mercurio por el aire, los océanos y la tierra. Los vientos y las lluvias modifican dónde llega el mercurio al océano. Además, las olas de calor intensas y el ozono de las capas bajas de la atmósfera pueden acelerar la transformación del mercurio gaseoso, poco reactivo, en formas solubles en agua que llegan a la superficie con la lluvia, la nieve o la niebla.
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