Una imagen capturada por el satélite Landsat 9 de la NASA ha causado sensación entre el público por su desconcertante parecido con una enorme araña. De hecho, no se trata de algo desconocido, pues lo que muestra la foto no es sino el llamado cráter Araña (Spider Crater) que se encuentra en la región de Kimberley, en Australia. La novedad reside en poder contemplar a vista de satélite esta formación geológica desde una perspectiva que no puede observarse a ras del suelo; ni siquiera desde un avión a baja altura.
[–>[–>[–>Este cráter con apariencia de arácnido con sus patas extendidas es en realidad lo que queda de un antiguo impacto provocado por un asteroide hace muchos miles de años. Sus bordes y aristas han sido erosionados incesantemente a lo largo del tiempo, por lo que ahora dicho cráter se parece ya poco al que causó esa brutal colisión.
[–> [–>[–>Una ‘araña’ de 13 kilómetros de longitud
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La forma central, que recuerda a una araña, tiene unos 4 kilómetros de diámetro, mientras que la estructura de impacto ovalada completa mide aproximadamente 13 por 11 kilómetros.
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Las patas son el elemento más llamativo de la imagen y tienen una explicación sencilla: son crestas de arenisca de color claro que de momento han resistido mejor la erosión, según explica la NASA.
[–>[–>[–>Premier plan du cratère / NASA
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Se cree que el cuerpo de la araña es lo que queda del levantamiento central del cráter. Cuando un objeto de gran tamaño impacta contra el terreno, el suelo del cráter rebota hacia arriba a causa de la onda de choque, de forma similar a como una gota de agua salpica hacia arriba al caer en un charco. A lo largo de cientos de millones de años, la erosión eliminó el resto del cráter, dejando al descubierto este núcleo más resistente y elevado.
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Las investigaciones sobre esta estructura han demostrado que el objeto impactó con un ángulo muy inclinado, en lugar de hacerlo de forma perpendicular; esto explicaría su contorno ovalado y alargado, visible desde el espacio.
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[–>Antes de los dinosaurios
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El impacto ocurrió mucho antes de la aparición de los dinosaurios o, incluso, de los animales complejos. Aunque la fecha exacta es incierta, las estimaciones basadas en las rocas de la región sitúan el suceso hace entre 900 y 600 millones de años, durante el final del Precámbrico, según indica la NASA.
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En aquella época, la vida en la Tierra era casi exclusivamente microbiana y marina. El paisaje sobre el que impactó el objeto no se parecía en nada a la actual región de Kimberley, y las capas rocosas que hoy conforman las «patas» de la estructura se encontraban enterradas bajo la superficie.
[–>[–>[–>A lo largo de su historia, la Tierra ha sido golpeada por innumerables objetos procedentes del espacio; sin embargo, los elementos meteorológicos, el agua, la tectónica de placas y la vegetación borran la mayor parte de sus restos. Pero allí donde aflora la corteza continental antigua y estable, y donde además hay climas áridos —como en gran parte de Australia—, permiten que las antiguas cicatrices de impacto tengan más probabilidades de perdurar lo suficiente como para ser identificadas.
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En cambio, en otros cuerpos celestes como nuestra Luna, los cráteres producidos por estos mismos impactos permanecen sin erosionarse durante periodos de tiempo muchísimo más largos. Ello es debido a la ausencia de agentes erosivos, pues en la Luna no llueve, no sopla el viento, no hay agua y no crece la vegetación. De este modo, estos cráteres, pero también restos humanos como las huellas de los astronautas, tienen asegurada su permanencia durante muchos miles de años.
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