En un futuro no muy lejano, los científicos podrían disponer de herramientas capaces de diseñar genomas desde cero y seleccionar las variantes genéticas que más favorezcan la supervivencia de diferentes organismos. Este escenario abriría la puerta, por ejemplo, a crear cultivos más resistentes al cambio climático, animales capaces de adaptarse a condiciones ambientales cada vez más extremas e incluso organismos diseñados para ayudar a restaurar ecosistemas gravemente deteriorados. ¿Pero hasta qué punto estaría justificada la intervención humana para salvar animales, plantas y entornos dañados por nuestra propia actividad? ¿Qué riesgos podría entrañar la liberación de estos organismos en la naturaleza? Y, sobre todo, ¿quién debería decidir cuándo los posibles beneficios ambientales compensan las consecuencias imprevisibles de alterar deliberadamente la genética de una especie?
[–>[–>[–>Un ambicioso proyecto de investigación se propone ahora abordar estos dilemas y establecer una serie de principios éticos que ayuden a esclarecer estos debates que, en un futuro, podrían marcar el mundo en el que vivimos.
[–> [–>[–>El equipo propone un marco regulatorio para evaluar si los beneficios ambientales compensan las consecuencias imprevisibles de alterar deliberadamente la genética de los organismos
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El trabajo, liderado por la investigadora Karen Filbee-Dexter, del Instituto de Investigación Marina de Noruega, forma parte de un proyecto europeo más amplio en el que también se estudian los límites éticos de la manipulación genética de embriones humanos y la posibilidad de que, en un futuro, existan generaciones de « huérfanos genéticos » o personas cuyo ADN haya sido diseñado por algoritmos. Pero dados los rápidos avances de la biología sintética y sus múltiples aplicaciones, los expertos consideran esencial extender estas reflexiones al ámbito ecológico y ambiental.
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« Es algo complejo por lo que necesitamos desarrollar un marco ético claro para guiar futuras acciones »
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Sobre todo ante la posibilidad de que, en las próximas décadas, estas tecnologías permitan crear especies más resistentes al aumento de las temperaturas, recuperar organismos desaparecidos o diseñar nuevas formas de vida capaces de contribuir a la restauración de ecosistemas dañados. Un escenario que, según los investigadores, obliga a preguntarse no solo qué podemos hacer para proteger la biodiversidad, sino también hasta dónde deberíamos llegar para conseguirlo.
[–>[–>[–>Beneficios y eventuales daños
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Una de las posibilidades que ahora mismo está sobre la mesa es, por ejemplo, usar ADN sintético para crear algas resistentes al deshielo y el aumento de la temperatura de las aguas del Ártico. Más ante la rápida desaparición de estas especies debido a que el cambio climático las está empujando más allá de su « límite de tolerancia ». ¿Pero y si una edición genética pudiera mejorar su resistencia?
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En ese caso, afirman los expertos, el uso de estas herramientas podría considerarse a priori positivo. Aunque aún así quedaría por ver si las modificaciones genéticas aplicadas no perjudican a otros aspectos de la biología de las algas o si, por el contrario, las hacen tan resistentes que acaban desplazando a otros organismos de su entorno. « Se trata de algo complejo por lo que necesitamos desarrollar un marco ético claro para guiar futuras acciones », afirma Adrián Villalba, uno de los científicos detrás de este proyecto.
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[–>Estos debates cobran aún más relevancia ante los anuncios de compañías como Colossal Bioscience, quien afirma estar trabajando en la creación de embriones de « animales extintos » para « devolverlos a la vida » y recuperar paisajes que ya no existen. La empresa afirma haber conseguido ya rescatar los genes de mamuts lanudos y de haber engendrado cachorros de lobos gigantes desaparecidos hace más de 10.000 años. En este contexto, son varios los expertos que afirman que sería « extremadamente cruel » devolver estos animales a la vida ya que, en el mejor de los casos, se soltarían en entornos que ya han sido transformados por el cambio climático y que no son aptos para su vida, sin garantías de que puedan sobrevivir, reproducirse o desarrollar los comportamientos propios de su especie.
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