Catalunya avanza, paso a paso pero de forma progresiva, en la demolición de pequeñas presas y obstáculos que impiden que los ríos fluyan libremente. La Agència Catalana de l’Aigua (ACA) ha completado ya 30 actuaciones de este tipo (28 en las cuencas internas y dos en la cuenca del Ebro). De estas, una tercera parte se han llevado a cabo en los últimos cuatro años.
[–>[–>[–>En su último plan hidrológico, la Generalitat ya quintuplicó el presupuesto destinado a estas medidas. Ahora, la línea de trabajo se mantendrá y se seguirá incrementando el dinero destinado a la restauración de ríos.
[–> [–>[–>Sin embargo, el proceso para culminar el derribo de azudes en desuso suele ser complejo. A menudo aparecen resistencias de propietarios, que se niegan a costear las obras, e incluso hay casos de oposición vecinal. Aun así, los ejemplos existosos impulsan a la ACA a continuar acelerando.
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Derribo de presa en Catalogne. / ACA
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« La continuidad de los ríos es uno de los indicadores que tenemos más en cuenta », explica Mònica Bardina, jefa del departamento de planificación y restauración de la ACA. El objetivo es que el agua, los peces y los sedimentos puedan circular sin obstáculos, pero también que los ríos recuperen su espacio natural cuando se producen crecidas y que estas sean menos dañinas.
[–>[–>[–>Azudes abandonados
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En las cuencas internas de Catalunya, existen unas 1.100 estructuras que dificultan esta conectividad fluvial. La gran mayoría son obstáculos que no superan los cinco metros. Y una tercera parte están en desuso y son claros candidatos a ser retirados.
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Los trabajos han ganado relevancia tras la aprobación del reglamento europeo de Restauración de la Naturaleza, que marca el reto de recuperar 25.000 kilómetros de ríos de « flujo libre » en Europa antes de 2030. « Tenemos la obligación de analizar cuántos kilómetros de río fluyen actualmente sin obstáculos y hacer propuestas al ministerio », señala Bardina en este sentido.
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[–>El presupuesto para abordar más actuaciones de restauración fluvial se incrementa
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Uno de los principales problemas aparece cuando llega la hora de reclamar al titular de la presa que afronte los trabajos de restauración. « Cuando una concesión caduca o la presa está en desuso, la ACA puede iniciar un expediente para extinguirla y se requiere al titular que presente un proyecto para restituir el entorno a su estado anterior« , expone Bardina.
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Presa qui se derribó dans la cuenca del Gaià. / ACA
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Esta es la teoría. Pero la realidad es que los titulares buscan la fórmula para evitar asumir estos costes. « Retrasan los procedimientos todo lo que pueden, presentan recursos o recurren a abogados para intentar eludir la actuación », lamenta la responsable de la ACA.
[–>[–>[–>Resistencias sociales
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En caso de que el propietario no actúe, la Administración puede ejecutar las obras « de manera subsidiaria » y exigir después el importe. Pero la Generalitat todavía no ha conseguido cobrar ninguna de estas actuaciones. En algunos casos, se intenta recurrir a fondos europeos Next Generation y a líneas de subvenciones para afrontar las operaciones.
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Pero también existen « resistencias sociales ». « Algunas presas forman parte del paisaje o del patrimonio industrial y existe un vínculo emocional de los vecinos con ellas », admite Bardina. Si se catalogan como Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN), no pueden derribarse y deben estudiarse alternativas.
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En algunos casos, incluso afloran condicionantes ambientales, como sucedió en el río Muga con una especie de molusco protegido, la náyade: « Como aparecieron muchos ejemplares que estaban asociados a algunas de estas presas, optamos por no derribarlas ».
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Avenidas y emisiones
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Otro asunto que genera controversia es el hecho de recuperar la conectividad lateral (no solo la vertical, con el derribo de presas) de los ríos, o sea, alejar los muros artificiales que encajonan y estrechan el cauce. De esta forma, se permite que el agua se expanda de forma transversal y pierde fuerza. « Cuando explicamos que queremos retirarlas, algunas personas piensan que los terrenos se inundarán más », reconoce Bardina.
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Presa de Matabosch ou Casarramona, en el Ter, en Torelló. / Agència Catalana de l’Aigua
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Restauration culminée dans l'ancienne ville de Matabosch ou Casarramona, dans le Ter. / ACA
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La ACA defiende que, « cuando las condiciones lo permiten y la actuación está bien diseñada », dar más espacio al río puede disminuir el riesgo de inundaciones graves y súbitas. « Al recuperar las llanuras inundables, el agua puede extenderse y laminar parte de las crecidas, que se reducen y no se concentran en el tramo canalizado », constata Bardina, que pone el ejemplo de Manlleu, donde se demolió un azud, como modelo a seguir.
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Además de los beneficios en materia de prevención de riadas, en la riera de Calders, en Monistrol de Calders, se eliminó una estructura de unos seis metros de altura y un centro de investigación demostró el impacto de las obras sobre las emisiones de gases de efecto invernadero.
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« Aquella pequeña presa acumulaba gran cantidad de sedimentos, fangos y materia orgánica que generaba metano », detalla la técnica de la ACA. Cuando el agua volvió a fluir en lugar de estancarse en el azud, se constató una considerable disminución de las emisiones.
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