« Nuevo año, nuevo récord ». Con este desesperado mensaje arranca la presentación del último gran informe de la Organización Meteorológica Mundial sobre el estado del clima. Según constata un análisis de la entidad, publicado a escasas semanas del inicio de la cumbre de Antalya (COP31), el mundo ha vuelto a batir un nuevo récord en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Los análisis confirman que nunca antes en la historia de la humanidad se habían documentado una acumulación tan alta de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso en el aire que respiramos: algo que no solo resulta perjudicial para nuestra salud sino que, además, también está alimentando la crisis climática, el auge de extremos climáticos y el largo rastro de desastres naturales que se están viviendo en todo el mundo.
[–>[–>[–>Los registros indican que la concentración de gases de efecto invernadero ha alcanzado niveles sin precedentes, superando en un 153% los registros de la era preindustrial
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El trabajo, presentado este martes por la oficina de Naciones Unidas, afirma que la concentración promedio de dióxido de carbono en 2025 fue de 426,8 partes por millón. En la práctica, esta cifra supone un incremento del 153% respecto a los niveles preindustriales. Es decir, a los de un mundo aún no sujeto a los efectos del calentamiento global. Los registros constatan que la tasa de crecimiento de dióxido de carbono a escala global se ha triplicado desde 1960, acelerándose desde un aumento promedio anual de 0,8 ppm por año hasta 2,4 ppm por año en la última década.
[–> [–>[–>Los últimos análisis presentados por la entidad indican que entre 2024 y 2025, los últimos años de los que tenemos registros completo, los niveles de dióxido de carbono aumentaron por encima del promedio de la última década. Igual que los de metano y los de óxido nitroso.
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Calentamiento global acelerado
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Estas cifras muestran cómo nuestra atmósfera se está saturando de gases de efecto invernadero que « atrapan una cantidad de calor sin precendentes », « alimentan el calentamiento global » y proporcionan « más energía » para fenómenos meteorológicos extremos. Y todo esto, afirman los expertos, tiene que ver con la huella de las actividades humanas contaminantes así como fenómenos naturales como, por ejemplo, las emisiones derivadas de los grandes incendios forestales o la capacidad de los ecosistemas naturales de absorber parte de estos gases. En las próximas semanas se publicará un informe centrado en la evolución de las emisiones generadas por nuestra especie aunque, por ahora, los análisis sugieren una situación para nada halagueña.
[–>[–>[–>El informe también lanza un mensaje de alerta de cara al futuro próximo. Sobre todo en un momento en que, tal y como viene advirtiendo desde hace meses la comunidad científica, los efectos del cambio climático se sumarán a los de un Niño sin precedentes que amenaza con aumentar aún más las temperaturas globales. « Es posible que el año que viene se vuelvan a batir récords debido a la suma de estos dos fenómenos y sus efectos en la atmósfera y en los sumideros de carbono », advierte Oksana Tarasova, del equipo científico detrás de este informe, al recordar que la superposición de estos elementos podría, entre otros, reducir la capacidad de bosques, océanos y suelos de absorber parte de los gases de efecto invernadero que hasta ahora han mitigado parte del problema.
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Los expertos señalan que la combinación de actividades humanas y la llegada de El Niño amenaza con reducir la capacidad de los ecosistemas para absorber carbono
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Hace tan solo una semana, otro gran informe de Naciones Unidas afirmaba que, justamente debido a este aumento de los « combustibles » que están alimentando el cambio climático, el mundo ya ha perdido la oportunidad de limitar a corto plazo el calentamiento global por debajo de la línea de los 1,5 grados de media. Aunque, según indicaba el trabajo, aún tenemos capacidades para revertir la situación de cara a finales de siglo. Pero para ello afirman los expertos, se necesitaría reducir un 18% las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 respecto a los niveles de 2025, después recortar un 45% para 2035 y un 69% para 2040. Esto, en la práctica, implicaría multiplicar exponencialmente los recortes previstos hasta ahora en los planes climáticos nacionales que, en el mejor de los casos, contemplan reducciones de entre el 5% para 2030 y el 15% para 2035.
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