Cada vez son más los estudios que alertan de los perjuicios que ocasiona el exceso de luz artificial no solo en los ecosistemas (muchas especies dependen de la oscuridad para sobrevivir), sino también en las personas y, por supuesto, en el firmamento nocturno, donde la luz ‘borra’ las estrellas. Pero ahora una nueva investigación ha desvelado que la contaminación lumínica también puede incidir negativamente sobre las alergias al polen, intensificándolas al prolongar el tiempo de actividad de los árboles.
[–>[–>[–>Los árboles que permanecen expuestos a la luz artificial por la noche, por ejemplo aquellos que están en zonas con farolas o áreas urbanas permanentemente iluminadas, permanecen verdes más tiempo a lo largo de la temporada y eso les permite generar mayores cantidades de polen que si disfrutaran de un régimen natural de iluminación, es decir, con la oscuridad que proporciona la noche y el crepúsculo.
[–> [–>[–>Nube de pole de pino / Agencias
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Y es que los vegetales expuestos a la luz artificial florecen antes y durante más tiempo que las expuestas exclusivamente a la luz ambiente.
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Más luz artificial, más polen y más alergias
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Un estudio reciente que ha utilizado datos satelitales de la NASA ha descubierto que esta circunstancia está en relación directa con el aumento de los niveles de polen durante gran parte del año, y es el causante de una prolongación e intensificación de las temporadas de alergias en lugares donde hay mucha luz artificial.
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Illuminer les arbres avec une lumière artificielle perjudicassant les alérgiques à la pole / Agencias
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El estudio, publicado en la revista PNAS Nexus, se ha centrado en Estados Unidos, pero refleja una realidad perfectamente aplicable a los núcleos urbanos españoles y europeos en general, donde cada vez se abusa más de la luz artificial, con focos más potentes, mal orientados y encendidos durante toda la noche, a veces de forma innecesaria.
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Los investigadores compararon los periodos habituales de la temporada de polen con mapas de iluminación artificial, usando imágenes tomadas por el satélite Black Marble de la NASA.
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[–>Los resultados fueron inequívocos: en aquellos lugares con poca o ninguna luz, los recuentos de polen presentaron cantidades significativas entre 170 y 210 días al año. En cambio, en lugares con mucha contaminación lumínica, los días con recuentos importantes de polen fueron más numerosos, llegando a los 300 días al año en lugares como la ciudad de Nueva York, caracterizada por su exceso de luz artificial.
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Más días al año con niveles severos
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Además, la gravedad de la exposición al polen también aumentó en esas áreas sobreiluminadas. Según el estudio, hasta un 27 % de los días de la temporada de polen alcanzaron niveles severos en zonas muy iluminadas, en comparación con el 17 % allí donde había poca o ninguna iluminación artificial.
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Différence entre les zones avec excès de lumière et les zones sans lumière / PNAS Nexus
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Las temporadas de polen más largas e intensas también agravan los síntomas de las personas alérgicas, lo que aumenta el riesgo para quienes padecen asma u otras enfermedades agravadas por el polen en suspensión.
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En vista de estos resultados, los investigadores sugieren varias soluciones para mitigar esta situación, como reducir los niveles de luz, proteger las luminarias para evitar exponer las plantas cercanas, sensores de movimiento para apagar las luces cuando no se necesitan y minimizar la luz azul de alta energía en la iluminación artificial que es la principal responsable del aumento de la producción de polen.
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Los expertos recuerdan que las luces blancas y azules son las que más contaminación lumínica generan, en tanto que las más adecuadas son las de tonos cálidos, es decir, ámbar, amarillo o naranja, que además ofrecen un ambiente más acogedor y menos violento para la propia vista.
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