Un parásito común en los mariscos actuales lleva cientos de millones de años infectando a sus huéspedes y protagonizando por tanto un sorprendente viaje en el tiempo que se remonta a una era muy anterior a la extinción de los dinosaurios.
[–>[–>[–>Así lo ha desvelado una investigación, publicada en la revista iScience, en la que se analizaron conchas fósiles de 480 millones de años de antigüedad, extraídas de un excepcional yacimiento en Marruecos conocido como la Formación Fezouata. Los investigadores lograron identificar unos intrigantes patrones con forma de signo de interrogación grabados en el interior de estas conchas, un indicio revelador de una antigua interacción parasitaria.
[–> [–>[–>« Las marcas no eran arañazos aleatorios. Vimos siete u ocho de estas formas perfectas de signos de interrogación en cada fósil de concha. Era un patrón », rememora Karma Nanglu, autora principal del estudio. El proceso de identificación no fue inmediato, y requirió una minuciosa labor de detective científico.
[–>[–>[–>
Momento eureka
[–>[–>[–>
« Nos llevó un tiempo descifrar el misterio detrás de estos rastros de aspecto peculiar. Era como si nos estuvieran provocando con su forma de signo de interrogación. Pero, como suele ocurrir, encontramos la respuesta mientras estábamos sumergidos en literatura oscura, antes de nuestro momento eureka« , añade Javier Ortega-Hernández, coautor del artículo, biólogo evolutivo de Harvard y curador del Museo de Zoología Comparada de la universidad, donde se custodian los fósiles.
[–>[–>[–>Gusano espionnait l'aquarium de Gdynia, en Pologne. / Crusier
[–>[–>[–>
La clave del enigma resultó estar en los gusanos espiónidos, un grupo de gusanos marinos de cuerpo blando que aún hoy perforan las conchas de mejillones y ostras para vivir y alimentarse de ellas sin llegar a matar al animal, en una relación parasitaria que debilita al huésped.
[–>[–>[–>
« Parasitan las conchas de bivalvos como las ostras, no la carne de los animales mismos. Pero dañar sus conchas puede aumentar la tasa de mortalidad de las ostras », aclara Nanglu. La evidencia más convincente llegó al comparar los fósiles con ejemplos modernos. « Hay una imagen en particular, de un estudio de gusanos modernos, que muestra exactamente la misma forma dentro de una concha. Esa fue la prueba irrefutable« , señala la investigadora.
[–>[–>
[–>Bivalvos parasitados
[–>[–>[–>
Para observar con un detalle sin precedentes el interior de estos rastros fosilizados, el equipo empleó microtomografía computarizada, una técnica similar a una TAC médica pero de resolución micrométrica. Este enfoque no solo permitió analizar las marcas visibles, sino que también reveló la presencia de más bivalvos parasitados ocultos en el interior de la roca, donde los estratos fósiles se apilan como un pastel de capas.
[–>[–>[–>
« Nunca hubiéramos visto esto sin el escáner », afirma Nanglu. El ciclo de vida inferido del parásito ofrece otra pista de su identidad: comenzaba como una larva que se asentaba en la concha de un huésped, disolvía una pequeña área para anclarse y, a medida que crecía, se adentraba en la concha, tallando la distintiva forma de interrogación.
[–>[–>[–>
Reconstruction du biote de Fezouata, qui comprend 50 espèces différentes. / PaleoEquii
[–>[–>[–>
Ningún otro organismo conocido produce este patrón exacto. « Si no es un espiónido, entonces es algo que nunca habíamos visto. Pero tendría que haber desarrollado el mismo comportamiento, en el mismo lugar, de la misma manera », expone Nanglu.
[–>[–>[–>
Implicaciones profundas
[–>[–>[–>
El hallazgo tiene implicaciones profundas para la comprensión de la evolución. No solo retrasa el origen conocido de los espiónidos parásitos en unos 100 millones de años, sino que ilustra una asombrosa estabilidad en su estrategia de vida a lo largo de eras geológicas.
[–>[–>[–>
« Este grupo de gusanos no ha cambiado su estilo de vida en casi 500 millones de años. Solemos pensar en la evolución como un cambio constante, pero aquí hay un ejemplo de un comportamiento que funcionó tan bien que se mantuvo inalterado a través de múltiples extinciones masivas », explica Nanglu.
[–>[–>[–>
Las conchas estudiadas pertenecían a Babinka, un ancestro temprano de las almejas modernas que prosperó durante el Ordovícico, un período de rápida diversificación de la vida marina. « Esta es una época en la que los ecosistemas oceánicos se intensificaron. Se observa el aumento de la movilidad, la depredación y, claramente, el parasitismo », detalla la paleobióloga.
[–>[–>[–>
Interacciones ecológicas
[–>[–>[–>
El yacimiento de Fezouata es famoso por conservar, con una fidelidad exquisita, no solo los cuerpos de animales de cuerpo blando, sino también las interacciones ecológicas entre especies, un registro extraordinariamente raro en el registro fósil. « Es una suerte encontrar algún registro de un animal de hace tanto tiempo. ¿Pero ver evidencia de la interacción entre dos animales? ¡Eso es oro! », clama Nanglu.
[–>[–>[–>

Rastros d'espiónidos en conchas fossilizadas de bivalvos. / Javier Ortega Hernandez / Universidad de Harvard
[–>[–>[–>
Este descubrimiento constituye la primera evidencia directa de parasitismo en la biota de Fezouata y la instancia más antigua conocida de un parásito perforador de conchas en moluscos. El mismo comportamiento destructivo que se observa en estos fósiles ordovícicos continúa afectando hoy a la ostricultura comercial, un testimonio de la larga y tenaz historia de un minúsculo gusano que supo encontrar, hace cientos de millones de años, una forma de vida tan efectiva que ha perdurado hasta la actualidad.
[–>[–>[–>
« Este parásito no solo sobrevivió al despiadado período Ordovícico, sino que prosperó. Sigue interfiriendo con las ostras que queremos comer, tal como lo hizo hace cientos de millones de años » concluye Nanglu.
[–>[–>[–>