El cierre de Marineland Antibes, ubicado en la Costa Azul francesa y considerado durante décadas el mayor parque acuático de Europa, ha desatado una fuerte polémica que va más allá de sus muros. El centro, propiedad del grupo español Parques Reunidos, clausuró sus puertas el pasado 5 de enero como consecuencia de la ley francesa contra el maltrato animal, que entrará plenamente en vigor en 2026 y que prohíbe los espectáculos con cetáceos.
Este cierre dejó en el aire el futuro de unos 4.000 animales, entre ellos dos orcas muy conocidas por los visitantes: Wikie, de 24 años, y su hijo Keijo, de 11. En torno a ellos se ha abierto ahora un debate internacional después de que la ONG TideBreakers, en colaboración con Seaspiracy Foundation, difundiera unas imágenes grabadas con drones que han levantado serias acusaciones contra el parque.
El vídeo que desató la polémica
El pasado 12 de agosto, TideBreakers publicó un vídeo en el que se observa a un entrenador de Marineland “estimulando sexualmente” a Keijo. Según la denuncia, la práctica se realizó sin guantes, sin instrumental adecuado y sin supervisión veterinaria, lo que supondría una violación de los protocolos básicos de bienestar animal.
Desde Marineland respondieron asegurando que la intención era “reducir la tensión sexual” del joven macho, algo que consideran necesario en condiciones de cautiverio. Sin embargo, expertos consultados por las organizaciones animalistas afirman que fuera de contextos estrictamente veterinarios, este tipo de procedimientos pueden calificarse como una forma de abuso.
Las ONG denuncian además que las orcas pasan largas jornadas en soledad, sin estímulos ni enriquecimiento ambiental, rodeadas únicamente de paredes de hormigón. Los drones mostraron incluso la piscina médica en mal estado, con algas acumuladas, y a los animales intentando interactuar con juguetes viejos abandonados, signos que interpretan como aburrimiento y angustia psicológica.
Una ley que cambia las reglas del juego
La polémica se enmarca en la ley de protección animal de 2021, que prohíbe la reproducción de cetáceos en cautividad y limita sus espectáculos, aunque concede una moratoria hasta diciembre de 2026. El Ministerio de Transición Ecológica de Francia propuso en abril trasladar a Wikie y Keijo al Loro Parque de Tenerife y a algunos delfines al Zoo Aquarium de Madrid.
Sin embargo, la medida no prosperó. Según la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA), las instalaciones españolas “no cumplían los requisitos mínimos en superficie, volumen y profundidad” para alojar a las orcas en condiciones óptimas.
Ante esta situación, el ministerio encargó un informe con tres posibles alternativas:
- Mantener a las orcas en Marineland, adaptando las piscinas para reconvertirlas en refugio marino.
- Trasladarlas a otros parques acuáticos extranjeros con capacidad técnica adecuada.
- Enviar a los animales a santuarios especializados, una opción que despierta escepticismo entre expertos que recuerdan que los cetáceos nacidos y criados en cautividad difícilmente sobreviven en entornos naturales abiertos.
El futuro incierto de Wikie y Keijo
La polémica con Marineland refleja un choque entre la ética animal y la gestión de parques marinos. Mientras organizaciones como TideBreakers denuncian un sistema que condena a las orcas a una vida artificial y traumática, antiguos trabajadores del sector insisten en que animales nacidos en cautividad no pueden adaptarse a un santuario sin riesgo para su supervivencia.
Lo que está claro es que el cierre del parque y las imágenes difundidas han abierto un debate urgente sobre el bienestar animal en Europa, las responsabilidades de los grupos empresariales y las soluciones que los gobiernos deberán implementar para garantizar un futuro digno a estos grandes mamíferos.
Por ahora, Wikie y Keijo siguen en los tanques de Antibes, convertidos en símbolo de una batalla que enfrenta tradición, negocio y derechos de los animales. El desenlace de esta historia marcará no solo el destino de dos orcas, sino también el rumbo de la relación entre el ser humano y los cetáceos en cautividad.